El Viaje del Emperador (2005)

Dirección: Luc Jacket

País: Francia

Duración: 85 min

Género: Documental Naturaleza.

Descripción: Documental sobre la emigración de los pingüinos en la Antártida. Cada año en la Antártida da comienzo un emocionante y hermoso viaje. Cientos de miles de pingüinos Emperador abandonan la seguridad del océano para adentrarse en la desértica tierra helada. Una región tan dura y extrema que ningún otro ser vivo se atreve a habitar. Toda la comunidad de pingüinos marchan a través de este difícil paisaje de hielo, con resolución y valentía conducidos por su necesidad de reproducirse con el fín de la supervivencia de la especie. Esta es la historia de una familia de pingüinos, de cómo tras decenas de kilómetros y tras poner un único huevo, la madre regresa al mar a comer mientras el padre se queda para incubar el huevo a la espera de que la madre regrese. Los padres permanecen 4 meses incubando y sin alimentarse. Cuando los pequeños nacen, las madres tan sólo tienen 48 horas para regresar o los bebés pingüino morirán. Tantos unos como otros estarán sujetos a condiciones extremas de supervivencia con temperaturas de más de 40 grados bajo cero, todo ello con el fin de prolongar la especie.

Otros: Oscar mejor documental 2005.

Puntuación Farolillo (de 0 a 10): 8,2

Fuente: www.filmaffinity.com/es

publicado por Vicente en Cine, Documentales
28 Noviembre 2008 a las 21:47
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Juno (2007)

Dirección: Jason Reitman.

País: USA.

Duración: 91 min.

Género: Comedia dramática.

Interpretación: Ellen Page (Juno), Michael Cera (Bleeker), Jennifer Garner (Vanessa Loring), Jason Bateman (Mark Loring), Allison Janney (Bren), J.K. Simmons (Mac).

Sinopsis: Juno es una adolescente de Minnesota, aguda como un puñal y que vive de acuerdo con sus propias reglas. Una tarde típicamente aburrida se transforma en algo exactamente opuesto cuando Juno decide mantener relaciones sexuales con el encantadoramente sencillo Bleeker. Enfrentándose a un embarazo imprevisto, ella y su mejor amiga Leah urden un plan para encontrarle al bebé la perfecta pareja de padres. Así, fijan su mirada en Mark y Vanessa Loring, una acomodada pareja de las afueras que desea adoptar a su primer hijo. Por suerte, Juno goza del apoyo de su padre y su madrastra. Pero a medida que Juno se acerca más y más a la salida de cuentas, la idílica vida de Mark y Vanessa comienza a dar señales de estar agrietándose. Mientras va pasando el tiempo, los cambios físicos de Juno reflejan su crecimiento personal. Con un intrépido intelecto muy alejado de la habitual angustia adolescente, Juno resuelve sus problemas de frente, exhibiendo una juvenil exhuberancia tan aguda como inesperada.

Otros: Fue la película que más recaudó de todas las nominadas al Oscar del 2008 a la mejor película.

La canción que Mark y Juno tocan y cantan juntos es “Doll Parts” de Hole, mientras la que Bleeker y Juno cantan juntos al final de la película es “Anyone Else But You” de The Moldy Peaches. Ellen Page sugirió que Juno, su personaje, fuese una fan de la música de Kimya Dawson y The Moldy Peaches.

Puntuación Farolillo (de 0 a 10): 7,6

Fuente: www.labutaca.net

publicado por Vicente en Cine, General, Películas
28 Noviembre 2008 a las 21:24
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Los Barrancos (Aspe), todavía sin AVE

publicado por Vicente en Fotos, General
25 Noviembre 2008 a las 19:54
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Canción Nov 08

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LEVELLERS: before the end

Te gustarán si te gustan The Waterboys, The Charlatans o James.

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publicado por Vicente en Canción del mes, Música
25 Noviembre 2008 a las 19:30
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Tropa de élite (2007)

Dirección: José Padilla

País: Brasil

Duración: 115 min

Género: Acción, Drama

Interpretación: Wagner Moura (capitán Nascimento), André Ramiro (André Matias), Caio Junqueira (Neto), Milhem Cortaz (capitán Fábio), Fernanda Machado (Maria), Maria Ribeiro (Rosane), Paulo Vilela (Edu)

Sinopsis: Río de Janeiro, 1997; a Nascimento (Wagner Moura), capitán del BOPE (Batallón de Operaciones Especiales de la Policía), la tropa de élite de la Policía de Río, se le asigna el mando de uno de los grupos que tienen la misión de “pacificar” las favelas del cerro (morro) de Turano debido a la visita de Juan Pablo II, quien va a instalarse en una zona cercana. El capitán, bajo una presión constante, empieza a notar los efectos del estrés. Tiene que ejecutar las órdenes recibidas, mientras intenta encontrar un sustituto, ya que su mujer, Rosane (Maria Ribeiro), se encuentra en sus últimos días de embarazo y le pide constantemente que abandone la primera línea del Batallón. En estas condiciones, le llaman para otra emergencia más en una favela. Durante un tiroteo en una fiesta funk, Nascimento y los suyos tienen que salvar a dos aspirantes a oficiales de la policía: Neto (Caio Junqueira) y André Matias (André Ramiro). Deseosos de entrar en acción e impresionados por la actuación de sus salvadores, los dos se presentan como candidatos al curso de formación del BOPE.

Otros: Oso de Oro a la Mejor Película en la Berlinale 2008.

Puntuación Farolillo (de 0 a 10): 7,5

Fuentes:

www.labutaca.net

www.filmaffinity.com/es

publicado por Vicente en Cine, Películas
22 Noviembre 2008 a las 14:31
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Primal Scream: XTRMNTR (2000)

Si Radiohead habían dado el golpe de gracia al rock de los 90 en “Ok Computer”, Primal Scream lo rescataron de las profundidades y reinventaron sus bases, dando un paso de gigante hacia el nuevo milenio con los oídos en el pasado y los ojos (de esvástica) en el futuro.

Antecedentes.

Quién iba a decir que un grupo formado en 1984 en Glasgow iba a llegar al nuevo siglo, no como una banda quemada y anticuada, si no dando lecciones a novatos y veteranos sobre cómo reinventarse, evolucionar y poner patas arriba los parámetros musicales establecidos.

Tras una primera etapa notable en la que sin embargo no pasaron de ser una banda más de lo que se conoció como sonido C86, a principios de la década de los 90 fijan su atención en el nuevo sonido dance y acid-house, y comenzando así una profunda metamorfosis. Con “Screamadelica” (1991), tercer disco de estudio, fusionan pop, rock, house, acid, dance, gospel, alcanzando magníficas cotas de reconocimiento por parte de crítica y público.

Tras alcanzar la cumbre, la banda desciende a su infierno particular en el grasiento y sureño “Give Out But Don’t Give Up” (1994), en el que a pesar de la efectividad de sigles como “Jailbird” o “Rocks”, se asemejan más a una banda tributo a Black Crowes que a los genios que apuntaban en Screamadelica.

A partir de aquí las cosas dan un giro, para bien. Mani se incorpora al grupo tras la disolución de Stone Roses, a lo que se une la publicación de dos temas que rompen bruscamente con el sonido del disco anterior, “Trainspotting”, incluida en la BSO de la película de Danny Boyle, y sobre todo “Kowalski”, una de las mejores canciones de la década, en la que suenan convincentes y atronadores, mientras Gillespie canta casi a duo con el protagonista de la road movie “Punto límite:cero”. Se puede decir que “Vanishing Point” (1997) es un disco de space-rock con algunos temas sobresalientes, que aunque algo irregular, prepara el camino para lo que vendrá después.

XTRMNTR.

Decidido a recuperar para el rock el perfil afilado y el riesgo, Bobby Gillespie deja de actuar como el hermano yonki de Farruquito y se corta la melena, para luego aliarse con sus camaradas habituales y con otro ejército irregular de locos encantadores, para imprimir un panfleto que de puro rabioso se queda en revoltoso en lo político, pero que resulta revolucionario en lo musical. Actualizando el rock al siglo XXI, a veces suena al Detroit de MC5 y los Stooges.

Pero XTRMNTR es mucho más. Para alcanzar sus objetivos de guerrilla urbana, Primal Scream facturan cócteles molotov de techno rock acelerado y brutal, que remiten al Surrender de los Chemical Brothers, pero en bruto y con mala leche. Y para recuperar también la sana confusión de ese eclecticismo que es consustancial al mejor rock´n´roll, el disco se empapa de funk y de free jazz, roza el Avant-Garde por momentos, y se infecta de la guitarra de Kevin Shields (My Bloody Valentine), realmente sádico en “Accelerator”, “If They Move Kill´em” y “Shoot Speed/Kill Light”.

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“Swatika Eyes”

Los cañonazos se suceden en la apertura, cuando Gillespie recibe al oyente con proclamas de exterminar a todos los hippies en “Kill All Hippies”, ese homenaje a Detroit que es “Accelerator”, “Exterminator”, la inconmensurable “Swastika Eyes” (¡ese bajo de Mani…!).

La segunda parte del disco busca más la amenaza química en la atmósfera, alcanzando su cima en la fascinante, irreverente e hipnótica “Shoot Speed/Kill Light”, un inapelable y estupefaciente cruce de Joy Divison con My Bloody Valentine y Kraftwerk.

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“Shoot Speed/Kill Light” en el FIB 2004

“XTRMNTR” pone de nuevo en circulación lo mejor de la historia del rock, recoge el fondo y pervierte las formas, innova pero recuerda, quedando para la posteridad como un serio peligro para cualquier fiesta que no quieras que se te vaya de las manos.

Fuentes consultadas: www.muzikalia.com , www.allmusic.com

publicado por Vicente en Discos imprescindibles, General, Música | ,
20 Noviembre 2008 a las 21:04
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Mercury Rev: Deserter’s Songs (1998)

Aún recuerdo cuando hace ahora 10 años, Héctor me dejó el nuevo disco de Mercury Rev para pasarlo por mi recién comprada grabadora de cd. La imagen que tenía del grupo era la de una banda demasiado compleja, enredada en conflictos internos y que sólo llegaron a interesarme al escuchar años antes algún tema de “Boces” a todo trapo. Nada volvería a ser igual.

Entremos en antecedentes, pues hubo muchos cambios hasta “Deserter’s songs”. El irrepetible díptico “Yerself is steam” / “Boces” había explorado todo posible recoveco espaciotemporal del rock psicodélico. La fórmula, insultantemente perfecta en “Boces”, estaba cerrada y culminada. La marcha de David Baker y el giro estilístico dado con “See you on the other side” (inmejorable ejemplo de lo injusta que puede resultar la etiqueta de “disco de transición”) prefiguraban un futuro del que, precisamente, nada se podía prefigurar. El grupo estuvo al borde del fin (una temporadita en barbecho), como quizá alguno de sus componentes. El regreso de 1998 con la obra que nos ocupa ahora muestra a unos Mercury Rev en inesperada plenitud: el tándem creativo Donahue-Grasshopper está más inspirado que nunca, y Dave Fridmann (una de las mentes más superdotadas en orquestación rock) aparece absolutamente integrado como un creador parigual con los citados.

Es inaplazable hablar de la reconversión estilística de Mercury Rev. Los de Buffalo alcanzaron estratosféricas cotas con sus dos primeros discos en su visión particularísima de un rock psicodélico entendido como manifestación y experiencia límte. El esbozo, brillantísimo, de “Yerself is steam” (1991) exhibía como exponentes una desmedida aplicación de exuberancias expresivas al formato de canción rock, expandiéndola, negándola o estrujándola como en el frenesí de un corazón hiperexcitado, o bien anegando en inesperados torrentes de maximalismo sonoro su precario equilibrio, así como un empleo omnicomprensivo, orquestal, del ruido en dos vertientes: la sustitución de la línea melódica convencional o su zapa consciente.

La perfección llegó con “Boces” (1995), que parece que gestado en plena orgía de ideas y de otras cosas menos legales: los arrebatadores diez minutos de “Meth of a rockette’s kick”, en los que todo el rock como arma expresiva se encuentra contenido y elevado a indecibles límites de grandeza; la vesatilidad de “Something for Joey”, ampliada en los vaporosos mundos de “Boys peel out”; la fastuosa explosión de alegría creativa que resplandece en “Bronx cheer”; o ese anonadante, orgásmico, demencial chute de speedball que es “Trickle down”, que reduce las tonterías satánicas de los Rolling Stones y demás presuntuosos de rock sulfúrico al ridículo más absoluto.

Bueno, todo eso queda algo arrinconado ante el más “progresivo” tercer paso, el también citado “See You On The Other Side” (1995), en el que el grupo se reconvierte a sonidos menos agresivos, menos desquiciados, pero sin el menor propósito de dar un solo paso atrás en sus horizontes de creación. Si antes racionalizaban estratégicamente la distorsión y enloquecían los demás instrumentos, ahora pisaban un terreno en el que ya no eran tan pioneros.

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“Goddess on a hiway”

CONTENIDO.

El disco es un compendio de canciones pop o pop-rock sin sorpresas estructurales, a veces dotadas de estribillos y apartes instrumentales, a veces afirmadas desde patrones folk (“Hudson line”). La clave de estilo sigue manteniéndose en la exuberancia sonora, instrumental de las canciones, pero de signo diametralmente opuesto a “Boces”. La distorsión ha sido concienzudamente erradicada, y en su lugar Mercury Rev aplican un estilo que busca y alcanza una belleza sonora subyugante y acogedora, barroca en sus cromatismos cálida en su propuesta de una suerte de Parnaso musical en que todo resulte hermoso sin empalago, floreciente y limpio en su perfección estética. Se trata de un disco atemporal, que surgió en el 98 como “Forever changes” en el 67 o “Screamadelica” en el 91. Suena eterno, de cualquier década.

Sobre todo, puede afirmarse todo lo anterior de las tres primeras canciones (“Holes”, “Tonite it shows” y “Endlessly”), hermanadas por un fuerte parecido. Su corolario, el corte instrumental “I collect coins”, es un delicioso fragmento de aire anticuado con un efecto de “sonido vinilo” que recuerda a esos relatos sobre casas abandonadas en alguna aldea perdida.

Esas tres canciones participan en la creación de una sensación de duermevela cercana a la aurora, ese “Vargtimmen” que dio título a una gran película de Bergman, la hora del lobo en que nacen más niños y mueren más ancianos. En particular, “Holes” es más expectante, más emotiva, menos contemplativa que las otras dos. Un pórtico inmejorable para “Deserter’s songs” en que Jonathan canta con una convicción y una expresividad que difícilmente uno podía esperar poco tiempo atrás. El inicio orquestal es comparable a la cinematográfica “suspensión de la incredulidad”, invitando a un viaje glorioso repleto de maravillas y tesoros musicales.

La sencilla “Tonite it shows” y la más elaborada “Endlessly” nimban las agridulces letras con una instrumentación de exuberancia arcaizante, en las que Fridmann está como pez en el agua blandiendo instrumentos de cuando el mariscal Radetzky hizo la mili, o poco menos. Sobre todo, ese insuperable “Endlessly” que homenajea con falsos coros marcianos una posible inspiración en Morricone, fundidos con desarmantes fraseos de harpsicord y bajorrelieves de melotrón.

El tono más movido y desenfadado del resto del disco se empieza a notar ya con “Opus 40″, la de más clara raigambre Beatle de toda la discografía mercuriana y con algunos préstamos dylanianos en la letra.

Palabras mayores la siguiente, “Hudson line”, flanqueada por saxo, guitarra algo Keith Richards y un alegre Hammond. En cuanto la voz nos dice adiós (es la única que canta Grasshopper, de cuya mano va la preciosa letra, absolutamente folk, con esas canónicas repeticiones de “la ciudad”, vista además como lugar de perdición), Dave y Jonathan alfombran un muro de sonido en que los exquisitos detalles que cada instrumento brinda se solapan y contrapuntean en un delicioso fin de fiesta.

“The happy end (the drunk room)”- nuevo fragmento instrumental que premiosamente nos despereza al son de una tendencia cada vez más clara en el disco a apostar por un tono más rock sin arrinconar los himnos preciosistas, no en vano aparece de repente “Goddess on a hiway”, el tema más célebre del disco, pero en modo alguno el mejor. Más desprovisto de fuselaje analógico, más orientado también a términos convencionales, no oculta su entrañable pequeñez, discurriendo sin sorpresas pero con una sencillez melódica que atrapa a la primera. Está guapa.

“The funny bird”- je, aquí lo arreglan, y de qué manera. El apoteósis sonoro, toda una avalancha de grandiosidad instrumental impía y colapsada, sin medida, a la que no es ajena esa voz filtrada que desgrana un hermoso devocionario de imágenes fantasiosas. Es como si la música reflejase, subrayase el desequilibrado mundo que describen los versos de Jonathan, hasta tal punto que nos identificamos con ese pájaro feliz al abandonar la jaula justo en la cima de catarsis sonora.

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“The funny bird” en directo

“Pick up if you’re there” y el corte oculto final son otros dos instrumentales, tan extravagantes y sabrosos
como los anteriores, que parecen extraídos del folklore majareta de alguna tribu de la Luna.

Entre ellas, “Delta sun bottleneck stomp”, letra de Jimmy y mucho sabor popular. Empieza en plan pachanga-beat y termina con un precioso homenaje al “Hello goodbye” que los Beatles incluyeron en su “Magical Mistery Tour”.

“Deserter’s songs” es un disco maravilloso, único, descomunal, que suena por momentos bajado del cielo a la tierra, de una riqueza no sólo inigualable sino que podría avergonzar al 99′99% de los discos que son tenidos como clásicas e indiscutibles obras maestras. “Deserter’s songs” es un prodigioso reconstituyente que suena como los ángeles, como música hecha por querubines. UNA PUTA MARAVILLA.

Fuentes consultadas: www.muzikalia.com , www.allmusic.com

publicado por Vicente en Discos imprescindibles, General | ,
18 Noviembre 2008 a las 20:01
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